El polvorín de Alcalá

El 6 de septiembre de 1947, a las 21:45, saltaba por los aires uno de los polvorines situados junto al río Henares, al otro lado del puente Zulema, dejando un saldo de veinticuatro muertos además de numerosos heridos. También supuso la práctica desaparición de uno de los dos depósitos de municiones, daños graves en la aledaña fábrica Río Cerámica, el puente Zulema y su molino, así como en numerosas casas y propiedades de toda Alcalá. Pero no todo desapareció en aquella terrible noche.

Ambos polvorines habían sido construidos a principios de 1938, en plena Guerra Civil. Sus galerías horadaban los cerros de la Cuesta del Zulema, aprovechando la orografía modificada por la secular extracción de arcillas. Túneles revestidos de espeso hormigón, que acabaron convirtiéndose en una seña más de la Historia reciente de Alcalá, de su paso por la Guerra Civil y la posguerra.

No obstante, muchos alcalaínos desconocen que no desapareció el entero complejo en aquella oscura noche de septiembre. Parte de las instalaciones sobrevivieron, aquellas más cercanas a la Cuesta, “junto a la carretera de Alcalá a Loeches”. Tras ser desactivadas las cargas que no estallaron y evacuarlo, el segundo Depósito quedó abandonado a su suerte. A lo largo de estos años hemos podido observar, subiendo la Cuesta de Zulema a mano izquierda, la boca de uno de los túneles originales, entre un montón de basuras y casetas precarias.

En plena Guerra Civil, la autoridad militar del Ejército del Centro, decidió la construcción de diferentes depósitos de municiones para apoyar el esfuerzo bélico. En esta vertiente de los cerros se ubicaron dos Depósitos: uno estaría excavado en las entrañas de una pequeña colina, al otro lado del Puente del Zulema; sería el que estallase y desapareciese en 1947. El segundo Depósito, parte del mismo complejo militar, aprovechaba los cortados de una antigua cantera de arcillas, al lado de la Cuesta de Zulema. Este segundo Depósito, pese a la cercana explosión de su compañero, sobrevivió.

Construido en forma de “T”, consta de una galería principal de 35 m. de profundidad. En su costado izquierdo, a media altura, se abre otra galería secundaria, de 10 m. de longitud e idéntica estructura. Ambas, con forma semicircular y 8 m. de diámetro. En la parte inferior, continúa un zócalo cuadrangular de 40 cm. de alto. El espesor total de la estructura de hormigón es de 40 cm., lo que justifica su buena resistencia pese al tiempo y abandono. 

Los primeros 6 m. de la galería principal formaban la dársena de carga y descarga de camiones. Para ello, el zócalo inferior ampliaba su altura a 1,50 m. A continuación, se encontraban las puertas, robustas, de dos hojas y 10 cm. de espesor de hormigón, instaladas sobre rail metálico, cerrando las instalaciones. Contaba con sistema de ventilación forzada, mediante aspirador y tubos de uralita que recorrían las galerías de un extremo a otro.  También disponía de un sistema semiautomático anti-incendios, consistente en la producción y conducción al interior (por tuberías con diferentes bocas) de gas ácido-carbónico.

Según el presupuesto elaborado por la Comandancia General de Ingenieros (15/01/1938), el volumen total de tierras extraídas se calculó en 1.274,850 m³. Se emplearon 74,925 m³ de hormigón; 59 m² de cubierta de uralita; 175 m² de muro de ladrillo de medio pie; 750 m. de línea eléctrica. También se abrió un camino de 238,40 m. para acceso desde la carretera. En total, el presupuesto ascendió a 76.373 pesetas con 64 céntimos.

La estructura en general presenta al día de hoy un buen estado de conservación, pese a estar rodeada de escombros y basuras, y usarse también como alojamiento improvisado de personas sin techo. A su lado, oculto ahora bajo la tierra e inaccesible, se encuentra la segunda boca, el refugio antiaéreo, excavado en la arcilla y revestido de hormigon, con una superficie habitable de 29 m² (58 m³ de perforación). En el exterior, tres estructuras de ladrillo completaban las instalaciones necesarias para el cuerpo de guardia. Sus restos se pueden observar aún hoy día, entre las basuras.

Este complejo, parte de la historia de Alcalá, corre el riesgo de desaparecer bajo toneladas de tierra, escombros o basuras; en medio del silencio y el olvido. En fechas recientes, el Ayuntamiento ha expropiado los terrenos que ocupa, desalojando a quienes vivían allí en condiciones precarias. Tal expropiación, obviamente, responde a algún plan o proyecto. Se ha vallado todo el perímetro, añadiéndolo al recinto del Vertedero de Resíduos Sólidos Urbanos, justo a continuación del nuevo vaso recién construido.

La Guerra Civil no es ocasión de gratos recuerdos, como tantas otras guerras. No obstante, forma parte indisoluble de la Historia de la ciudad y de su entorno; de las personas que la vivieron, y de quienes heredamos sus vivencias. Por todo el territorio español se catalogan, documentan y ‘rescatan’ los vestigios de la contienda: viejas casamatas, trincheras, nidos de ametralladora, búnkeres… como testimonio de unos usos, un pasado que no deseamos se repita nunca; pero un pasado que existió y dejó huella. Y es que no debemos olvidar aquello de: “ El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla” No, no queremos olvidar y no, no queremos que se repita.

Públicamente solicitamos a las Administraciones, y en especial al Ayuntamiento de Alcalá, que haga saber las intenciones que alberga para ese espacio público. Solicitamos que sea protegido, rehabilitado. Que se dé a conocer y se preserve, manteniéndole al margen del vertedero y sus posibles futuras expansiones. Hacemos un llamamiento para que se estudie su integración de manera armónica en el entorno natural de los cerros. Que pueda constituirse en un paraje que combine valores naturales, históricos y arqueológicos. Quizá mediante el establecimiento de un Centro de Interpretación, museo o espacio expositivo, con su doble vertiente histórica y natural. Que seamos los ciudadanos en conjunto quienes tengamos la última palabra. 

A Alcalá de Henares NO le sobra Patrimonio. Cada año que pasa seguimos perdiendo parte de ese inmenso caudal, se llame Molino de la Esgaravita, Colegio de Aragón o Puerta de Burgos. El Patrimonio y su valor no se miden tan solo por su antigüedad en siglos, sino por otros valores, varios de los cuales se hallan presentes en los restos de este polvorín, un ejemplo único en la Comarca. No podemos dejar que se pierdan en el olvido o se entierren los bienes que son de todos, que son parte de nuestra Historia. Tenemos que solicitar a las Administraciones que los valoren y preserven. Por nuestros mayores, por las generaciones actuales y para la posteridad.

ASOCIACIÓN CULTURAL HIJOS Y AMIGOS DE ALCALA 

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